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lunes, 18 de marzo de 2013

Cuando hablo del Amor.

No hablo de estar enamorado cuando hablo del amor,
no hablo de sexo cuando hablo del amor,
no hablo de emociones que sólo existen en los libros,
no hablo de placeres reservados para los exquisitos.
No hablo de grandes cosas.

Hablo de una emoción capaz de vivir cualquiera,
hablo de sentimientos simples y verdaderos,
hablo de vivencias trascendentes pero no sobrehumanas,
hablo del amor tan sólo como de querer mucho a alguien.

Pero, ¿qué estamos diciendo cuando decimos "Te quiero"?
Yo creo que decimos: "Me importa tu bienestar"
Nada más, ni nada menos.

Cuando quiero a alguien, me doy cuenta de la importancia
que tiene para mí lo que hace, lo que le gusta y lo que le duele; "Te quiero" significa,
pues, me importa de ti;
y "te amo" significa me importa muchísimo.

Esta definición conducirá a la plena conciencia de dos hechos: no es verdad que
quieran mucho aquellos a quienes no les importa demasiado tu vida, y no es verdad que no te quieran los que viven pendientes de lo que te pasa.

Repito: si de verdad me quieres, ¡te importa de mi!
Y por lo tanto, aunque sea doloroso aceptarlo,
sino te importa de mi, será porque no me quieres.

Esto no tiene nada de malo, no habla mal de vos que no me quieras, solamente es la realidad, aunque sea una triste realidad.

Hay muchas cosas que yo puedo hacer para demostrar, para mostrar, para corroborar, confirmar o legitimar lo que te quiero, pero hay una sola cosa que yo puedo hacer con mi amor, y es quererte, ocuparme de vos, actuar mis afectos como yo los sienta. Y como yo los sienta será mi forma de quererte.

Tú puedes recibirlo o puedes negarlo, puedes darte cuenta
de lo que significa o puedes ignorarlo supinamente.

Pero esta es mi manera de quererte, no hay ninguna otra disponible.

Querer y mostrarte que te quiero pueden ser dos cosas distintas para mi y para ti.
Y en estas, como en todas las cosas, podemos estar en absoluto desacuerdo sin
que necesariamente alguno de los dos esté equivocado.

Cuando alguien te quiere, lo que hace es ocupar una parte de su vida, de su tiempo
y de su atención en ti. Cuando alguien te quiere, sus acciones dejan ver claramente 
cuánto le importas.

Yo no creo que el amor sea un espacio de sacrificio.
Yo no creo que sacrificarse por el otro garantice ningún amor, y mucho menos
creo que esta sea la pauta que reafirma mi amor por el otro.

El amor es un sentimiento que avala la capacidad para disfrutar juntos de las cosas
y no una medida de cuánto estoy dispuesto a sufrir por ti, o cuánto soy capaz de
renunciar a mi.

A medida que recorro el camino del encuentro, aprendo a aceptar que quizás no me quieras.

El afecto es de las pocas cosas cotidianas que no dependen sólo de lo que hagamos
nosotros, ni exclusivamente de nuestra decisión, sino de que, de hecho, suceda, ni en mi ni en ti.

Si me sacrifico, mutilo y cancelo mi vida por ti, podré conseguir tu lástima,  tu desprecio,
tu conmiseración, 
quizás hasta gratitud, pero no conseguiré que me quieras,
porque eso no depende de lo que yo pueda hacer.

No sólo no podemos hacer nada para que nos quieran, 
sino que tampoco podemos hacer nada para dejar de querer.



Jorge Bucay


sábado, 30 de junio de 2012

Lo Bohemio.

¿Qué esconde lo bohemio, hoy día, dos siglos después de su nacimiento, para que siga atrayendo a locos, artistas y a mujeres de "dudosa reputación"?

Actualmente sigue siendo una tendencia minoritaria, para personas de naturaleza solitaria (no confundir con personas que están solos o solas) que disfrutan de compañías selectas con ideas innovadoras, revolucionarias y una cierta tendencia al misticismo propio del romanticismo del XIX.
Pero dista mucho de su esencia original, pues lo que le falta hoy día a toda la sociedad, incluyendo a los bohemios, es su ingenuidad e inocencia hacia los mismos recursos propios de lo bohemio y romántico; este último concepto, malinterpretado en su significado y confundido con una actitud "cursi" o "empalagosa" hacia las relaciones amorosas.
Lo romántico propiamente dicho incluye una cierta idealización hacia el amor, sí, pero no es excluyente solo de eso; lo romántico es catarsis, es tragedia, es dionisíaco (como diría el propio Nietzsche, que a mi parecer, tiene ciertos toques románticos), es exaltación,es revolución, es naturaleza salvaje, es irracional, es el arte por el arte, es poesía, es música, es sensualista (relacionado a los sentidos), es revelación y rebelión, es inconformismo, es pesimismo pero también idealismo, es utópico.

La ingenuidad del bohemio de antaño era su visión de un mundo por descubrir, rechazando los valores convencionales y tradicionales, una inocencia hacia los recursos propios del bohemio, como dije anteriormente, los cuales tomaba por pura inspiración, hoy día el bohemio sabe y es consciente de esos recursos, y como tales los toma, más por parecer bohemio que por serlo.
Lo bohemio de antaño buscaba a sus musas escondidas entre humos de opio, entre la locura propia del incomprendido debido a su sensibilidad excepcional, lo bohemio de hoy busca la diversión entre humos de hachís y marihuana, y busca ser incomprendido más por parecer bohemio que ser bohemio por ser un incomprendido.
Lo bohemio de hoy, está irremediablemente condenado a la mezcolanza, pues se fusiona entre lo moderno de una tecnología que avanza a años luz y su retroceso espiritual hacia lo romántico del XIX.
¡Qué irónico! Un texto hablando de lo bohemio escrito en un portal de Internet; una bohemia que es consciente de su tendencia bohemia.
Eso es lo que diferencia al bohemio de hoy con el de antaño, su conciencia de ser bohemio. El bohemio de antes buscaba su esencia sin saber que ésta era una esencia bohemia; ¿qué esencia busca el bohemio de hoy consciente de su tendencia (que no esencia) bohemia?
Pues como diría el propio bohemio Murger: "la bohemia no es posible sino en París".
Y lejos quedó ese Molino Rojo de musas mestizas que resultaba un gran jardín exótico de inspiración para los poetas malditos como Baudelaire, pues hoy es un pequeño local para turistas curiosos; hoy sus clientes no son borrachos enamorados ni pintores ni escritores que obraban a la luz de una vela en una pequeña habitación bajo los efectos espirituosos de la absenta o el opio; ésa es la gran diferencia, la apariencia y la cartera del cliente de ese París que resultaba milenario a los ojos inocentes del recién nacido bohemio.


Mientras tanto, sigo buscando la esencia bohemia mientras fumo una cachimba de sabores exóticos y leo inspirada a los poetas malditos como Baudelaire, contemplo las obras de Gustave Flaubert en una pantalla de litio junto con las alucinaciones de Van Gogh, reflexiono sobre los aforismos de Nietzsche y el existencialismo de Schopenhauer, caigo en la tentación de Óscar Wilde, sueño con paisajes de Monet, me deleito con la sensualidad "Moulinesca" de Toulouse Lautrec y sus burdeles, y tengo pesadillas con las Leyendas de Bécquer.

Hoy medito entre los mantras de Budha y Siddharta Gautama, entre filosofías secretas femeninas del Tao como el de las Tigresas Blancas y los principios cósmicos de la Wicca.

Hoy rememoro personajes míticos como la bruja Lyllith, Pandora y su curiosidad, la guerrera amazona Lisipe, el canto de las sirenas como Lydia y su flauta, Cleopatra y su inteligencia, Hypatia y su Universo y Marylin y su sensualidad.

Todo esto se fluye y se funde entre velos y gasas de seda, los Jardines Flotantes de Babylonia y odaliscas retozando entre aceites orientales, aromas de sándalo y melodías que incitan a ondular las caderas.

Lo bohemio fluye entre la tragedia griega y el ferrocarril de vapor de la Revolución Industrial.
Lo bohemio es húmedo, es transgresión, es TRASCENDER.


L.G.S

sábado, 9 de junio de 2012

Cuando me amé de verdad.


Cuando me amé de verdad
comprendí que en cualquier circunstancia,
yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta,
y en el momento exacto, y entonces, pude relajarme.
Hoy sé que eso tiene un nombre… Autoestima.

Cuando me amé de verdad,
pude percibir que mi angustia,
y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal
de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es… Autenticidad.

Cuando me amé de verdad,
dejé de desear que mi vida fuera diferente,
y comencé a aceptar todo lo que acontece,
y que contribuye a mi crecimiento.
Hoy eso se llama… Madurez.

Cuando me amé de verdad,
comencé a percibir que es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona,
sólo para realizar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento
o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.
Hoy sé que el nombre de eso es… Respeto.

Cuando me amé de verdad,
comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable:
personas, situaciones y cualquier cosa
que me empujara hacia abajo.
De inicio mi razón llamó a esa actitud egoísmo.
Hoy se llama… Amor Propio.

Cuando me amé de verdad,
dejé de temer al tiempo libre
y desistí de hacer grandes planes,
abandoné los mega-proyectos de futuro.
Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta,
cuando quiero, y a mi propio ritmo.
Hoy sé que eso es… Simplicidad y Sencillez.

Cuando me amé de verdad,
desistí de querer tener siempre la razón,
y así erré menos veces.
Hoy descubrí que eso es… Humildad.

Cuando me amé de verdad,
desistí de quedarme reviviendo el pasado,
y preocupándome por el futuro.
Ahora, me mantengo en el presente,
que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez.
Y eso se llama… Plenitud.

Cuando me amé de verdad,
percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme.
Pero cuando la coloco al servicio de mi corazón,
ella tiene una gran y valioso aliado.
Todo eso es… Saber Vivir.

No debemos tener miedo de afrontarnos,
de hecho hasta los planetas chocan
y del caos suelen nacer la mayoría de las estrellas.


Charles Chaplin.