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domingo, 18 de noviembre de 2012

Esa Mujer Guerrera, Salvaje, Fiera... somos todas nosotras... somos Ella!

Esa mujer guerrera, hembra fatale
esa a la que trataron de mutilar las alas,
esa que nació volando hasta que alguien
le enganchó un cepo entre las piernas.

Esa mujer está llorando,
y de las lágrimas arrancará con fuerza.

Esa mujer de Luna, mujer hermosa,
Mujer de vientre aventurero,
esa mujer que lucha a fuego y piedra con su tristeza,
esa mujer hará eterna la primavera.

La que tiene un caracol viviendo en el ombligo
y pasa alguna noche en vela porque tiene miedo,
esa mujer es la Mujer Guerrera.

Esa mujer que se metamorfosea,
esa que a veces se rebela,
y otras se queda sin fuerza,
esa que grita y con su voz crea el Universo lleno de estrellas.

Esa mujer tiene que luchar si quiere ser ella.
Esa mujer a la que cercenaron la rabia,
a quien también convencieron de no escuchar sus emociones,
y ahora se pelea dando puñetazos en el aire,
y arrancándose las tripas de miedo a que no la quieran,
esa mujer, ésa, es la Mujer Guerrera.

Esa mujer que se esconde en las cocinas,
esa mujer de nieve, de noche negra,
esa mujer que esconde la cabeza bajo la almohada,
esa mujer de azúcar y de pimienta,
esa mujer es una fiera.

Esa mujer madre que decide cuándo y cómo quiere serlo,
la que quiso decidir y no se lo permitieron,
esa mujer que juega con su sombra, 
mientras arropa niños y vigila la cena,
esa mujer que decidió no hacer más cenas,
esa es la mujer de la Luna Llena.

Esa mujer salvaje, mujer desnuda,
esa mujer sin ropa ni disfraces,
que se tumba en las terrazas 
a tomar el aire en las noches traicioneras,
esa mujer testigo de su condena,
esa mujer es la Mujer Guerrera.

Poema de Fabia Garibola


viernes, 22 de junio de 2012

107.-Nuestro agradecimiento último al arte.


Si no hubiésemos admitido las artes e inventado esa especie de culto a lo no verdadero no podríamos soportar la capacidad que nos proporciona ahora la ciencia de entender el espíritu universal de la no verdad y la mentira. La probidad tendría como consecuencia el asco y el suicidio, pero ocurre que nuestra probidad dispone de un poderoso recurso para evitar esa consecuencia: el arte como aceptación de la apariencia. No siempre impedimos que nuestra mirada redondee y complete lo que imaginamos, y entonces no es ya la eterna imperfección lo que llevamos por encima del río del devenir, sino que creemos llevar a una diosa y nos mostramos orgullosos e infantiles rindiéndole este servicio. Como fenómeno estético la existencia resulta siempre soportable, y en virtud del arte nos han sido dado los ojos, las manos y sobre todo la buena conciencia para poder transformarnos en semejante fenómeno. Es necesario que de cuando en cuando descansemos de nosotros mismos en favor del arte, que nos permite considerarnos a distancia y, desde arriba, reírnos de nosotros mismos o llorar sobre nosotros; es preciso descubrir al héroe y no menos al bufón que se ocultan en nuestra pasión por el conocimiento, ¡gozar de cuando en cuando de nuestra locura para seguir gozando de nuestra sabiduría! y como en el fondo somos precisamente espíritus graves y tenemos más gravedad del peso que la de los hombres, nada podría hacernos tanto bien como el gorro de loco, lo necesitamos como un remedio contra nosotros mismos, necesitamos un arte petulante, flotante, bailarín, burlón, infantil y sereno, para no perder nada de esa libertad por encima de las cosas que espera de nosotros nuestro ideal. Sería para nosotros una recaída caer en la moral, pues a causa de de nuestra irascible probidad y teniendo que satisfacer excesivas exigencias, acabaríamos convirtiéndonos en monstruos y espantajos virtuosos. Debemos ser capaces también de mantenernos por encima de la moral, y no sólo de mantenernos con la tensión ansiosa de quien teme constantemente resbalarse caer, ¡sino también de volar y jugar por encima de ella! ¿Cómo privarnos, entonces, del arte?, ¿cómo privarnos de lo loco? ¡Si todavía os avergonzáis de vosotros mismos, no sois de los nuestros!




F. Nietzsche. "La Gaya Ciencia"