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miércoles, 10 de septiembre de 2014

EL ARTE POR EL ARTE.

XXIV

EL ARTE POR EL ARTE.- "La lucha contra la finalidad en el arte es siempre una lucha contra las tendencias moralizadoras, contra la subordinación del arte a la moral. El 'arte por el arte' quiere decir: 'que el diablo se lleve a la moral'.
Esa misma enemistad delata el poder preponderante todavía de aquella preocupación. Pero aunque se excluya del arte el fin de edificar y de mejorar a los hombres, no se sigue de ahí que el arte deba carecer en absoluto de un fin, de una aspiración, de un sentido, que sea, en una palabra, el arte por el arte -la serpiente que se muerde la cola-.
'No tener fin, ¡antes que tener moral!' Así habla la pasión. Pero un psicólogo pregunta, por el contrario: ¿qué es lo que hace toda especie de arte?, ¿no alaba?, ¿no glorifica?, ¿no aísla? Además de esto, el arte fortalece o debilita ciertas evaluaciones; ¿es esto un accesorio, una cosa accidental? ¿es algo en que el instinto artístico no toma participación completa? ¿es que la facultad de poder del artista no es la condición primera del arte? El instinto más hondo del artista, va al arte, o bien no corre hacia el arte, sino hacia la vida, hacia un deseo de vida. El arte es el gran estimulante de la vida; ¿cómo hemos de concebir el 'arte por el arte'?
Queda aún otra cuestión: ¿no muestra el arte muchas cosas que toma de la vida, feas, duras, dudosas? Emanciparse de la voluntad era la intención que Schopenhauer atribuía al arte; disponer de la resignación, era para él la gran utilidad de la tragedia que veneraba. Pero esto, como he dado a entender, es la óptica de un pesimista, es el mal de ojo, y hay que apear de esta opinión a los artistas mismos. ¿Qué sentimiento suyo nos comunica el artista trágico?
Lo que afirma, ¿no es precisamente la falta de temor ante lo terrible e incierto?
Ese estado es un deseo superior, y el que le conoce le honra con los mayores homenajes, y le comunica, necesita comunicarle, suponiendo que sea artista, genio de la confidencia. El valor y la libertad del sentimiento ante un enemigo poderoso, ante un revés sublime, ante un problema que espanta, es el estado triunfante que elige y glorifica el artista trágico. Ante lo trágico, el consejo de guerra de nuestra alma celebra sus saturnales; el que está habituado al dolor lo busca, el hombre heroico, celebra su existencia en la tragedia, y el artista trágico ofrece su vida la copa de esta crueldad, la más dulce de todas".

Nietzsche "El crepúsculo de los ídolos"

domingo, 14 de abril de 2013

La visión dionisíaca del mundo.

"¿En qué sentido fue posible hacer de Apolo el dios del arte? Sólo en cuanto es el dios de las representaciones oníricas. Él es el Resplandeciente de modo total: en su raíz más honda es el dios del Sol y de la luz, que se revela en el resplandor. La belleza es su elemento: eterna juventud le acompaña. Pero también la bella apariencia del mundo onírico es su reino: la verdad superior, la perfección propia de esos estados, que contrasta con la sólo fragmentariamente inteligible realidad diurna, elévalo a la categoría de dios vaticinador, pero también ciertamente de dios artístico. El dios de la bella apariencia tiene que ser al mismo tiempo el dios del conocimiento verdadero.
Pero aquella delicada frontera que a la imagen onírica no le es lícito sobrepasar para no producir un efecto patológico, pues entonces la apariencia no solo engaña, sino que embauca, no es lícito que falte tampoco en la esencia de Apolo: aquella mesurada limitación, aquel estar libre de las emociones más salvajes, aquella sabiduría y sosiego del dios-escultor. Su ojo tiene que poseer un sosiego solar: aun cuando esté encolerizado y mire con malhumor, se halla bañado en la solemnidad de la bella apariencia."

"El arte dionisíaco, en cambio, descansa en el juego con la embriaguez, con el éxtasis. Dos poderes sobre todo son los que al ingenuo hombre natural lo elevan hasta el olvido de sí que es propio de la embriaguez, el instinto primaveral y la bebida narcótica. Sus efectos están simbolizados en la figura de Dionisio. En ambos estados el principium individuationis queda roto, lo subjetivo desaparece totalmente ante la eruptiva violencia de lo general-humano, más aún, de lo universal-natural. 
Las fiestas de Dionisio no sólo establecen un pacto entre los hombres, también reconcilian al ser humano con la naturaleza. De manera espontánea ofrece la tierra sus dones, pacíficamente se acercan los animales más salvajes: panteras y tigres arrastran el carro adornado con flores, de Dionisio. Todas las delimitaciones de casta que la necesidad y la arbitrariedad han establecido entre los seres humanos desaparecen: el esclavo es hombre libre, el noble y el de humilde cuna se unen para formar los mismos coros báquicos. En muchedumbres cada vez mayores va rodando de un lugar a otro el evangelio de la armonía de los mundos: cantando y bailando manifiéstase el ser humano como miembro de una comunidad superior, más ideal: ha desaprendido a andar y a hablar. Más aún: se siente mágicamente transformado, y en realidad se ha convertido en otra cosa. Al igual que los animales hablan y la tierra da leche y miel, también en él resuena algo sobrenatural. Se siente dios: todo lo que vivía sólo en su imaginación, ahora eso él lo percibe en sí. ¿Qué son ahora para él las imágenes y las estatuas? El ser humano no es ya un artista, se ha convertido en una obra de arte, camina tan estático y erguido como en sueños veía caminar a los dioses. La potencia artística de la naturaleza, no ya la de un ser humano individual, es la que aquí se revela: un barro más noble, un mármol más precioso son aquí amasados y tallados: el ser humano. Este ser humano configurado por el artista Dionisio mantiene con la naturaleza la misma relación que la estatua con mantiene con el artista apolíneo."


F. Nietzsche  "La visión dionisíaca del mundo"

miércoles, 13 de marzo de 2013

El Hombre: Animal Enfermo.

"El hombre está más enfermo, más inseguro, más alterable, más indeterminado que ningún otro animal, no hay duda de ello, él es el animal enfermo: ¿de dónde procede esto? Es verdad que también ha osado, ha innovado, desafiado, afrontado el destino más que todos los animales juntos: él, el gran experimentador consigo mismo, el insatisfecho, insaciado, el que disputa el dominio último a animales, naturaleza y dioses, él, el siempre invicto todavía, el eternamente futuro, el que no encuentra ya reposo alguno ante su propia fuerza acosante, de modo que su futuro le roe implacablemente, como un aguijón en la carne de todo presente: ¿cómo este valiente y rico animal no iba a ser también el más expuesto al peligro, el más duradero y hondamente enfermo entre todos los animales enfermos? (...) El no que el hombre dice a la vida saca a la luz, como por arte de magia, una muchedumbre de síes más delicados; más aún, cuando se produce una herida a sí mismo, este maestro de la destrucción, de la autodestrucción, a continuación es la herida misma la que le constriñe a vivir..."

F. Nietzsche "La Genealogía de la Moral"

martes, 12 de marzo de 2013

¿QUÉ ES LA VERDAD?

"¿Qué es la verdad? Un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en una palabra, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas, adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen fijas, canónicas, obligatorias..."


F. Nietzsche  "Sobre  verdad y mentira en sentido extrapolar" 1873

viernes, 29 de junio de 2012

130. -Una decisión peligrosa.



La decisión cristiana de considerar que el mundo es feo y malo ha hecho al mundo feo y malo.


F. Nietzsche "La Gaya Ciencia"







173. -Ser profundo y parecerlo.



Quien se sabe profundo, se esfuerza en ser claro, quien quiere parecer profundo a los ojos de la multitud, se esfuerza en ser oscuro. Pues la multitud tiene por profundo todo aquello cuyo fondo no logra ver, ¡tiene tanto miedo a ahogarse!


F. Nietzsche, "La Gaya Ciencia"  

La solidaridad de doble moral.

¿Qué es la solidaridad, en muchos casos, hacia las desgracias ajenas?
Puede que no sea sino el regocijo disfrazado de compasión para con los que sufren.
En cambio, ¿cuántas personas se solidarizan con la felicidad ajena?




"Les enseñaré lo que ahora comprenden tan pocos, lo que menos entienden esos predicadores de la solidaridad de la compasión: ¡la solidaridad en la alegría!"
(F.Nietzsche) La Gaya Ciencia

viernes, 22 de junio de 2012

107.-Nuestro agradecimiento último al arte.


Si no hubiésemos admitido las artes e inventado esa especie de culto a lo no verdadero no podríamos soportar la capacidad que nos proporciona ahora la ciencia de entender el espíritu universal de la no verdad y la mentira. La probidad tendría como consecuencia el asco y el suicidio, pero ocurre que nuestra probidad dispone de un poderoso recurso para evitar esa consecuencia: el arte como aceptación de la apariencia. No siempre impedimos que nuestra mirada redondee y complete lo que imaginamos, y entonces no es ya la eterna imperfección lo que llevamos por encima del río del devenir, sino que creemos llevar a una diosa y nos mostramos orgullosos e infantiles rindiéndole este servicio. Como fenómeno estético la existencia resulta siempre soportable, y en virtud del arte nos han sido dado los ojos, las manos y sobre todo la buena conciencia para poder transformarnos en semejante fenómeno. Es necesario que de cuando en cuando descansemos de nosotros mismos en favor del arte, que nos permite considerarnos a distancia y, desde arriba, reírnos de nosotros mismos o llorar sobre nosotros; es preciso descubrir al héroe y no menos al bufón que se ocultan en nuestra pasión por el conocimiento, ¡gozar de cuando en cuando de nuestra locura para seguir gozando de nuestra sabiduría! y como en el fondo somos precisamente espíritus graves y tenemos más gravedad del peso que la de los hombres, nada podría hacernos tanto bien como el gorro de loco, lo necesitamos como un remedio contra nosotros mismos, necesitamos un arte petulante, flotante, bailarín, burlón, infantil y sereno, para no perder nada de esa libertad por encima de las cosas que espera de nosotros nuestro ideal. Sería para nosotros una recaída caer en la moral, pues a causa de de nuestra irascible probidad y teniendo que satisfacer excesivas exigencias, acabaríamos convirtiéndonos en monstruos y espantajos virtuosos. Debemos ser capaces también de mantenernos por encima de la moral, y no sólo de mantenernos con la tensión ansiosa de quien teme constantemente resbalarse caer, ¡sino también de volar y jugar por encima de ella! ¿Cómo privarnos, entonces, del arte?, ¿cómo privarnos de lo loco? ¡Si todavía os avergonzáis de vosotros mismos, no sois de los nuestros!




F. Nietzsche. "La Gaya Ciencia"