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jueves, 15 de agosto de 2013

TODOS LOS HUMANOS SUFREN LA MISMA ENFERMEDAD.

"Quiero que te imagines que vives en un planeta donde todas las personas padecen una enfermedad en la piel. Durante dos mil o tres mil años, la gente de este planeta ha sufrido la misma enfermedad: todo su cuerpo está cubierto de heridas infectadas, que cuando se tocan, duelen de verdad. Evidentemente, la gente cree que esta es la fisiología normal de la piel. Incluso los libros de medicina describen dicha enfermedad como el estado normal. Al nacer la piel está sana, pero a los tres o cuatro años de edad, empiezan a aparecer las primeras heridas y en la adolescencia, cubren todo el cuerpo.
¿Puedes imaginarte cómo se tratan estas personas? Para relacionarse entre sí tienen que proteger sus heridas. Casi nunca se tocan la piel las unas a las otras porque resulta demasiado doloroso, y si, por accidente, le tocas la piel a alguien, el dolor es tan intenso que de inmediato se enfada contigo y te toca a ti la tuya, solo para desquitarse. Aun así, el instinto del amor es tan fuerte que en ese planeta se paga un precio elevado para tener relaciones con otras personas.

Bueno, imagínate que un día ocurre un milagro. Te despiertas y tu piel está completamente curada. Ya no tienes ninguna herida y no te duele cuando te tocan. Al tocar una piel sana se siente algo maravilloso porque la piel está hecha para la percepción. ¿Puedes imaginarte a ti mismo con una piel sana en un mundo en el que todas las personas tienen una enfermedad en la piel? No puedes tocar a los demás porque les duele y nadie te toca a ti porque piensa que te dolerá.

Si eres capaz de imaginarte esto, podrás comprender que si alguien de otro planeta viniera a visitarnos tendría una experiencia similar con los seres humanos. Pero no es nuestra piel la que está llena de heridas. Lo que el visitante descubriría es que la mente humana padece una enfermedad que se llama miedo. Al igual que la piel infectada de los habitantes de ese planeta imaginario, nuestro cuerpo emocional está lleno de heridas, de heridas infectadas por el veneno emocional. La enfermedad del miedo se manifiesta a través del enfado, del odio, de la tristeza, de la envidia y de la hipocresía, y el resultado de esta enfermedad son todas las emociones que provocan el sufrimiento del ser humano".


lunes, 8 de julio de 2013

"Yo no creo que el amor sea un espacio de sacrificio. 
Yo no creo que sacrificarse por el otro garantice ningún amor, y mucho menos creo que ésta sea la pauta que reafirme mi amor por el otro.

El amor es un sentimiento que avala la capacidad de disfrutar juntos de las cosas y no una medida de cuánto estoy dispuesto a sufrir por ti, o cuánto soy capaz de renunciar a mi mismo".


jueves, 13 de junio de 2013

"Durante toda mi vida he sido defensor del individuo, de la personalidad, y no creo que haya leyes generales que sirvan para el individuo. Por el contrario, las recetas y las leyes no están ahí para él, sino para las multitudes, los rebaños, pueblos y colectividades. Las personalidades auténticas tienen un panorama más difícil, pero más hermoso; no disfrutan de la protección del rebaño, pero sí de las delicias de la propia fantasía, y cuando superan los años de la juventud tienen que afrontar una gran responsabilidad". (133)

Hermann Hesse  "Lectura para minutos"
"Opino que en mi generación se han echado a perder muchas más vidas humanas por un exceso de encarrilamiento e inhibición de la vida instintiva que por la causa contraria. Por eso, en algunos de mis libros me he erigido en defensor y auxiliador de esa vida reprimida de los instintos, pero nunca sin dejar de lado el respeto de las grandes exigencias que imponen los sabios y las religiones. Nuestra meta no es llevar una vida de libertinaje a costa de la bondad, el amor y la humanidad, sino que tenemos que buscar nuestro camino entre ambas exigencias, las de la naturaleza y las del espíritu, pero no un camino inflexible, sino cada cual el suyo, elástico, en el que alternen la libertad y la ligadura, como alternan la aspiración y la expiración" (223)

Hermann Hesse  "Lecturas para minutos"
"No quiero que mi único motivo para vivir sea la vida; no quiero que mi único motivo para amar sea la mujer, necesito dar un rodeo y pasar por el arte, necesito el placer solitario y elaborado del artista para poder estar a gusto con la vida, incluso para poder soportarla" (394)

Hermann Hesse "Lecturas para minutos"

lunes, 10 de junio de 2013

Las ruinas son un regalo.

"¿Recuerdas cuándo me dijiste que deberíamos vivir juntos y ser infelices para poder ser felices? Considera una prueba de lo mucho que te quiero el haber pasado tanto tiempo desgastándome en el intento para ver si funcionaba.
Una amiga me llevó a un sitio impresionante el otro día, se llama el Augusteo; Augusto lo construyó  para que albergaran sus restos. Cuando llegaron los bárbaros lo arrasaron, junto con todo lo demás. El gran Augusto, el primer gran emperador de Roma, ¿cómo podría haber imaginado él que Roma, o lo que para él era el mundo entero, acabaría un día en ruinas? Es uno de los lugares más silenciosos y solitarios de Roma. La ciudad ha ido creciendo a su alrededor durante siglos, es como una bella herida, como un desengaño amoroso al que te aferras por el placer del dolor.
Todos queremos que nada cambie. Nos conformamos en vivir infelices porque nos da miedo el cambio, que todo quede reducido a ruinas. Pero al contemplar ese sitio, el caos que ha soportado, la forma en que ha sido adaptado, incendiado, saqueado... y luego ha hallado el modo de saberse levantar, me vine arriba. A lo mejor, mi vida no ha sido tan caótica y es el mundo el que lo es, y el único engaño es intentar aferrarse a ella a toda costa. Las ruinas son un regalo. Las ruinas son el camino a la transformación".

COME REZA AMA

domingo, 20 de enero de 2013

Soy una radical.

Soy una radical. Porque soy feminista. Sí, soy una radical, porque exijo y lucho por la igualdad entre los hombres y las mujeres. 
Soy una radical por exigir que las mujeres tengamos derecho a decidir sobre nuestras vidas.
Soy una radical porque quiero ser la única dueña absoluta de mi vida y de mi cuerpo.
Soy una radical porque sé la diferencia entre el machismo, el feminismo y el hembrismo.
Soy una radical porque pienso que el derecho al respeto no es algo que se tenga que ganar, sino que es algo inherente por el simple hecho de que estamos vivos.
Soy una radical porque no quiero que sobre mi sexualidad decida ni el Estado, ni los grandes negocios, ni las modas, ni las religiones y mucho menos la Iglesia se meta con lo que yo haga, con lo que entre o deje de salir por mis genitales.
Soy una radical porque deseo que no haya más discriminación ni positiva ni negativa ni con hombres ni con mujeres.
Soy una radical porque deseo que las mujeres vayan libremente vestidas o semivestidas o desnudas sin que ello de lugar a justificar acciones de agresión sobre nuestras vidas y sobre nuestros cuerpos.
Soy una radical porque afirmo que las mujeres somos la otra mitad de la humanidad y no podemos estar  invisibilizadas en la vida pública y privada.
Soy una radical porque cuando voy por la calle y algún hombre opina sobre mi cuerpo o mi forma de vestir no me da la gana de callarme, porque asumo que su actitud no es "natural" sino educacional.
Soy una radical porque aunque no vaya conmigo la cosa, me ofendo si en mi presencia veo algún tipo de agresión sexual, acoso o discriminación con otras mujeres.
Soy una radical porque eso que la gente llama "piropos" cuando ven a una mujer por la calle a la que no conocen de nada y sobre la que no tienen derecho a opinar ni a molestar,  lo veo como una agresión sexista.
Soy una radical porque asumo que cuando una mujer dice "NO" es No, y que de igual forma si un hombre dice "No" también es No.
Soy una radical porque estoy en contra de la dicotomía en la que las mujeres sólo podemos encajar en la clasificación de "Santas" o "Putas".
Soy una radical porque defiendo que una mujer decida con quién o quiénes, cuándo, cómo y cuántas veces desea disfrutar de su sexualidad.
Soy una radical porque afirmo que las mujeres también nos masturbamos.
Soy una radical por defender la menstruación y no avergonzarme de la única sangre que no es derramada ni por una herida ni por un acto de violencia, la cual es más natural que la que derraman en las guerras.
Soy una radical porque no tolero ningún comentario sexista y no le río las gracias ni me callo cuando estos comportamientos tienen lugar en mi presencia.
Soy una radical porque defiendo a las personas (hombres y mujeres) que deciden libremente acostarse con quienes les de la gana, gratis o cobrando, y estoy en contra de cualquier explotación y /o coacción sobre la trata de blancas.
Soy una radical porque deseo que exista la sororidad entre las mujeres y dejen de criticarse unas a otras por cómo se visten y con cuántos se acuestan o se dejan de acostar (porque eso también es machismo)
Soy una radical porque estoy a favor de que la mujer decida cuándo quiere o cuándo no quiere tener hijos.
Soy una radical porque cuando me visto o me desvisto cómo me da la gana, lo hago única y exclusivamente para mi, y no lo hago para "provocar" a nadie. Mi vida no gira en torno a tu pene.
Soy una radical porque asumo la capacidad de raciocinio y responsabilidad de lo seres humanos para poder controlar eso que dicen "impulsos" o "instintos" cuando intentan justificar una agresión.
Soy una radical porque cuando veo a algún hombre por la calle que me atrae, no me da derecho a acosarlo y mucho menos utilizar el estar en compañía de otras mujeres para hacerme la "hembrita" delante de ellas y de él, y viceversa.
Soy una radical porque defiendo que los hombres también deben liberarse y dejar de reprimirse: ellos también tienen derecho a llorar, a mostrar sus sentimientos y sus debilidades, y a no tener que estar aparentando todo el tiempo que lo saben todo, que lo controlan todo y que pueden con todo sin tener que ser juzgados como menos "hombres".
Soy una radical porque defiendo que los hombres no tienen por qué "demostrar" que son máquinas sexuales y que están dispuestos siempre, eso también debe ser agotador.
Soy una radical porque defiendo no sólo la emancipación de las mujeres, sino también de los hombres: también tienen derecho a no tener que depender de una mujer para sobrevivir en una casa : ellos también tienen capacidad para lavar, planchar, cocinar, tender y cuidar de los hijos en caso de que los hubiera; no son inferiores ni inútiles en este aspecto y tienen tanta capacidad como nosotras, negarlo sería una infravaloración hacia su persona.
Soy una radical porque estoy en contra de que en una separación o divorcio con hijos de por medio se aproveche la discriminación positiva (e injustificada cuando sea el caso) para que ellos no puedan disfrutar de sus hijos.
Soy una radical porque no entiendo, ni comparto, ni asumo ni acepto que para que una mujer pueda lograr el mismo estatus socioeconómico que un hombre tenga que trabajar el doble que él y ganar en muchos casos la mitad, y que encima se sugiera que para ello ha tenido que "hacerle un favor" al jefe.
Soy una radical porque creo que las mujeres no somos "princesas" que tengamos que esperar a que vengan a "rescatarnos" unos "príncipes".
Soy una radical porque cuando me enfado por algo tengan que venir con el tópico de "¿estás con la regla?". No señores, ellos también se enfadan y encolerizan y no achacamos su comportamiento a las hormonas. Si has hecho algo que me molesta, es independiente de que tenga o no la regla y no tengo por qué callarme.
Soy una radical porque creo que un hombre no es menos hombre porque se declare feminista.
Soy una radical porque creo que ya va siendo hora de que sepáis lo que significa ese término y que sino lo sabéis, miréis ese término en el diccionario. No hablemos sin saber.
Soy una radical porque pienso que ni todas las feministas son mujeres, ni todas las mujeres son feministas.
Soy una radical cuando me pongo rebelde y suelto "barbaridades" por la boca y me dicen que ante todo tengo que ser una "señorita": pues NO! Antes que una señorita, antes que una mujer, soy PERSONA, y que tenga un coño entre las piernas no significa que no puede alzar la voz o despotricar ante lo que considero injusto. "Eso no está bonito", dicen algunos/as; menos bonito es que penséis que lo bonito prima sobre lo JUSTO.
Soy una radical porque algunos/as dirán y pensarán que no me queje tanto, que en otros lugares las mujeres están peor, que en algunos países las mujeres son lapidadas. La lapidación no es sólo arrojar piedras sobre la mujer libre. Aquí se lapida a las mujeres con palabras, rumores, discriminaciones,etc. Es otra forma de coaccionar la libertad y asustar a las que no se atreven todavía a alzar su voz.
Soy una radical porque pienso que lo mismo que no es necesario ser homosexual para estar a favor de su integración y libertad, ni ser negro para estar en contra del racismo, tampoco es necesario ser mujer para estar a favor de la igualdad de géneros y de sexos.
Soy una radical porque antes que hombres y mujeres, antes que pollas y coños, somos PERSONAS.
Y soy una radical, porque si no os gusta ésto, me va a dar igual y voy a seguir haciendo lo que me da la gana como siempre he hecho, porque amo la libertad y estoy en contra del libertinaje.
 Y soy más radical aún porque si me enfrentáis por esto, os voy a mandar a la mierda o a tomar por culo. Eso si os lo dejo ya a vuestro gusto.

L.G.S

viernes, 18 de enero de 2013

♀ Agradezco ser Mujer ♀

"Pero lo que más agradezco, lo que más me agrada,
lo que más me gusta y lo que más me hace feliz,
es que me digan loca, porque entonces ninguna libertad me será negada.
Una y mil veces me quemó la Inquisición
y aprendí a nacer de las cenizas.
Me encerraron en un harén y encerrada no dejé de reír.
Me pusieron un cinturón de castidad
y adquirí las artes de un cerrajero.
Cargué fardos de leña y me hice fuerte.
Me pusieron velos en la cara y aprendí a mirar sin ser vista.
Me despertaron los niños a medianoche
y aprendí a mantenerme en vigilia.
No me enviaron a la Universidad
y aprendí a pensar por mi cuenta.
Transporté cántaros de agua 
y supe mantener el equilibrio.
Me extirparon el clítoris
y aprendí a gozar con todo el cuerpo.
Pasé días bordando y tejiendo
y mis manos aprendieron a ser más exactas
que las de un cirujano.
Segué trigo y coseché maíz,
pero me quitaron la comida
y con hambre aprendí a vivir.
Me sacrificaron a los dioses 
y a los hombres
y volví a vivir.
Me golpearon y perdí los dientes
y volví a vivir.
Me quitaron a mis hijos
y en el llanto volví a la vida.
Con tanta fortaleza acumulada, 
con tantas habilidades y destrezas aprendidas,
Mujer, si lo intentas, tú puedes dar la vuelta al mundo".

Texto de alguien Anónimo publicado por la red, gracias.

viernes, 4 de enero de 2013

Me doy permiso

Me doy permiso para alejarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia, de las que me ignoran, me niegan un beso, un abrazo...

No acepto la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan  de mis padres o de mi marido, o mujer.
Ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie.
Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida.

Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso para no ser "el alma de la fiesta", el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.

No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.
Mi propia existencia, mi ser, es ya valioso.
Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme.
Mi presencia es ya suficiente: no he de agotarme haciendo más.

Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas en mi trabajo.
No voy a cargar con la responsabilidad que corresponde a otros y que tienen tendencia a desentenderse.
Si las exigencias de mis superiores son desproporcionadas hablaré con ellos clara y serenamente.

Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas.

Me doy permiso para dejar que desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron. El mundo no es solo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría inexplorada.

Decido abandonar los miedos conocidos y me arriesgo a explorar las aventuras por conocer.
Voy a explorar sin angustia.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente.
No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.
Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser perfecto: una persona sin fisuras, rígidamente irreprochable, es decir, inhumano.

Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren, y asumo mi derecho a ponerle límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable.

No he nacido para ser la víctima de nadie.
Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.

Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración.

Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.
Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio. No espero a que vengan esas consideraciones del exterior.

Y no espero encerrado ni recluido en casa,  ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.

Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia.
Empiezo por reconocer mis valores, y el resto vendrá solo. No espero de fuera.

Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.
Decido no intentar absorber el exceso de información. Me permito no querer saberlo todo. Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente puedan asimilar con un ritmo tranquilo.
Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy. Con lo que soy ya es más que suficiente. Y aún sobra.

Me doy permiso para ser inmune a los elogios y alabanzas desmesurados: las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras. Y dan tanto porque quieren recibir mucho más a cambio.

Prefiero las relaciones menos densas.

Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas. No entro en su juego.

Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.

No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer.

Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir "no".

Elijo lo que me da salud y vitalidad.

Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de despreciar las elecciones de otros.

No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy, si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me siente bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo "normal" y lo "anormal" en mis estados emocionales los establezco yo.

Joaquín Argente.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Hacia Rutas Salvajes.

"Lo único que nos brinda el mar son golpes duros,
y a veces, la posibilidad de sentirnos fuertes.
Bueno...no sé gran cosa del mar. Pero sí sé que aquí es así.
Y también sé lo importante que es en la vida no necesariamente ser fuerte, sino sentirse fuerte.
Medir tu capacidad al menos una vez.
Hallarte al menos una vez en el estado más primitivo del ser humano.
Enfrentarte solo a la piedra ciega y sorda. Sin nada que te ayude,  salvo las manos y la cabeza".


Alexander Supertramp


martes, 21 de agosto de 2012

Reflexión de mi padre encontrada en un viejo libro.



"Cuando encuentres la soledad
hallarás la plenitud y todo será tuyo.
Busca la paz y encontrarás el amor.
Busca en las nubes y en el cielo la razón
y el sentido del amor en las aves y en la tierra,
y te darás cuenta de que allí estás tú"


R.G.G. (Agosto 1979)




martes, 17 de julio de 2012

Derecho al delirio.


"¿Qué tal si deliramos por un ratito? ¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?
El aire estará limpio de todo veneno que no provenga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.  En las calles, los automóviles serán aplastados por los perros, la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el ordenador, ni será comprada por un supermercado, ni será tampoco mirada por el televisor. El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, será tratado como la plancha o el lavarropas.
Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega. En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo. Nadie vivirá para trabajar pero todos trabajaremos para vivir.
Los economistas no llamarán “nivel de vida” al nivel de consumo, ni llamarán “calidad de vida” a la cantidad de cosas. Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas, los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos. Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
La solemnidad se dejará de creer que es una virtud y nadie, nadie, tomará enserio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.
La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero. La comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.
Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión. Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle. Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos. La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.
La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda. En Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisés, y del sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo. La Iglesia también dictará otro mandamiento que se le había olvidado a Dios; amarás a la naturaleza de la que formas parte. Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.
Los desesperados serán esperados, y los perdidos serán encontrados, porque ellos se desesperaron de tanto esperar y ellos se perdieron por tanto buscar. Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza y voluntad de justicia, hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa ni del tiempo.
Seremos imperfectos, porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses. Pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido, seremos capaces de vivir cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última".


                              Eduardo Galeano, "Derecho Al Delirio"

viernes, 29 de junio de 2012

La solidaridad de doble moral.

¿Qué es la solidaridad, en muchos casos, hacia las desgracias ajenas?
Puede que no sea sino el regocijo disfrazado de compasión para con los que sufren.
En cambio, ¿cuántas personas se solidarizan con la felicidad ajena?




"Les enseñaré lo que ahora comprenden tan pocos, lo que menos entienden esos predicadores de la solidaridad de la compasión: ¡la solidaridad en la alegría!"
(F.Nietzsche) La Gaya Ciencia